En Filmoteca Canaria conocemos películas que hablan de la vida. Y luego están aquellas que, mientras las estás viendo, te hacen pensar en lo que significa realmente estar vivo.
Quiero comerme tu páncreas, dirigida por Shin'ichirō Ushijima, puede parecer a primera vista una historia de amor adolescente. Y sí, hay sentimientos, hay dos jóvenes que se encuentran y hay una relación que irá creciendo entre ellos. Pero quedarse solamente con esa lectura sería perderse buena parte de lo que hace especial a esta película.
Porque esta no es una historia sobre cuánto tiempo tenemos.
Es una historia sobre qué hacemos con el tiempo que tenemos.
Título original: Kimi no suizô wo tabetai
Director: Shin'ichirô Ushijima
País: Japón
Año: 2018
Guión: Shin'ichirô Ushijima
Música: Hiroku Sebu
Duración: 108 minutos
VOSE
Sinopsis: Haruki Shiga es un estudiante de secundaria que no siente ningún interés por los demás y se pasa todo el tiempo solo leyendo libros. Un día, en una sala de espera de un hospital se encuentra un libro titulado “Vivir con la muerte”, que resulta ser el diario secreto de Sakura Yamauchi, una chica popular de su clase. En él relata que le han diagnosticado una enfermedad terminal y que ha decidido no contárselo a nadie y exprimir al máximo el tiempo que le queda de vida. A pesar de su desdén inicial, la actitud de Sakura Yamauchi hace que el corazón de Haruki Shiga se vaya ablandando poco a poco. Estos son los recuerdos primaverales de una chica que convive con una enfermedad terminal, un chico que le guarda el secreto y una relación que todavía no tiene nombre.
Quiero comerme tu páncreas (Kimi no suizô wo tabetai)
El protagonista es un chico reservado, acostumbrado a mantenerse al margen de los demás, hasta que descubre accidentalmente el secreto de Sakura Yamauchi, una compañera de clase aparentemente alegre y llena de vida: padece una enfermedad terminal y sabe que no le queda mucho tiempo.
Dos personas que, en circunstancias normales, probablemente nunca se habrían acercado, comienzan entonces a compartir pequeños momentos. Conversaciones, viajes, comidas, paseos, libros… cosas aparentemente insignificantes que poco a poco adquieren un valor enorme.
Y ahí aparece una de las ideas más bonitas de la película: quizá no sean los grandes acontecimientos los que terminan cambiándonos, sino esos pequeños momentos que compartimos con alguien y que, sin darnos cuenta, terminan formando parte de nosotros.
El título puede resultar extraño, incluso provocador, Quiero comerme tu páncreas. La idea de comer el órgano sano de otra persona para curar una enfermedad aparece en antiguas creencias de la medicina tradicional y el folclore asiático. En la película, sin embargo, esta idea adquiere un significado mucho más simbólico: querer llevar dentro una parte de alguien para que nunca desaparezca del todo
Y eso es precisamente lo que hace que esta historia trascienda el romance.
Porque no importa si te gusta el anime. No importa si te gustan las historias románticas. Incluso puede que pienses que ya has visto muchas historias de adolescentes que se conocen y terminan cambiándose la vida.
Lo que importa es que todos conocemos esa sensación: la dedescubrir demasiado tarde cuánto significaba alguien para nosotros.
La película juega además con algo que el cine japonés sabe hacer especialmente bien: convertir lo cotidiano en algo extraordinario. Una comida, una conversación aparentemente trivial o un viaje improvisado pueden convertirse en recuerdos que permanecen mucho después de que la persona que los compartió con nosotros ya no esté.
Y quizá por eso Quiero comerme tu páncreas sea una película especialmente apropiada para Japón se anima. Porque detrás de su animación encontramos una historia profundamente humana sobre la amistad, la pérdida, el miedo, la enfermedad, la libertad y, sobre todo, las ganas de vivir.
Hay películas que consiguen emocionarnos mientras las vemos.Y hay otras que hacen algo más difícil, nos hacen pensar en nuestra propia vidacuando terminan. Esta es una de ellas.
Así que no dejen que el título les engañe.
Porque Quiero comerme tu páncreas no habla realmentede comerse el páncreas de nadie.
Habla de querer conservar una parte de alguien para siempre.
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