Del 
24/9/2026
 al 
6/11/2026

Melancolía. El pasado por venir

Colectiva

Sala de Arte Contemporáneo SAC

Del 24 de septiembre al 6 de noviembre de 2026

Artistas: Alejandra Arbelo, Ana Estrada, Leyla Lázaro, Miguel Martín, Daniel Martínez Montero, Joel Peláez e Irene G. Rossi, Marina Sunyer y, como artista invitada, Isolina Díaz.

Como casi todos los años, el Gobierno de Canarias cede generosamente una fecha en el calendario de su Sala de Arte Contemporáneo a la Facultad de Bellas Artes de la ULL —hacia la que siempre ha mostrado especial confianza— para realizar una exposición de su alumnado recién egresado o a punto de hacerlo. Son exposiciones de “ensayo”, no solo porque la obra se encuentre aún en ebullición sino porque responde aún a la lógica procesual del arte concebido en un “estudio”: un espacio de trabajo pero, sobre todo, un tiempo de aprendizaje. No pretenden mostrar el resultado de un proceso ya concluido, sino plantear preguntas y suscitar las dudas que laten bajo las inquietudes de un grupo de jóvenes que se caracteriza por la sensibilidad hacia los cambios culturales.

En este caso, la pregunta es sencilla: por qué, entre jóvenes que aún no tienen edad de atesorar recuerdos, ha cobrado tanta importancia el tema de la historia, la memoria y el archivo, por qué el pasado suscita más interés creativo que el futuro, por qué la melancolía parece haberle ganado la partida a la esperanza. Vaya por delante que no lo sabemos. Por supuesto, tenemos sospechas: ante un futuro cada día más incierto parece lógico que el deseo se repliegue a tiempos más tranquilos. Ante los pronósticos oscuros de una generación que no ha parado de oír que va a ser la primera que viva peor que sus padres, parece comprensible que vuelvan la mirada hacia un pasado que no conocieron, buscando menos el ejercicio crítico que el refugio. Pero, por otro lado, ante la huida hacia delante de un sistema que no sabe parar de crecer, parece lógico que los progresistas se hagan conservadores.

Existen al menos tantas razones para justificar el retorno de la melancolía como para temerlo. Esta exposición, y en el ciclo de actividades que la acompañará, no pretende pontificar, solo reflexionar. Y quizá no tanto sobre el pasado en sí (la melancolía es el dolor por la pérdida de algo que nunca se tuvo) como sobre el tipo de presente que produce sujetos que solo encuentran esperanza en el pasado.

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Exposición

Durante siglos, el genio creativo se vinculó con el temperamento melancólico. Y el origen era sinónimo de verdad y legitimidad. La modernidad invirtió esa creencia, el futuro se convirtió en categoría estructurante, principio organizador del sentido; el artista se hizo progre y el arte se convirtió en un sistemático proceso de vaciado de la memoria histórica. La utopía progresista se identificó finalmente con un cubo abstracto del que había sido desalojada toda referencia al pasado.

Hoy renace por doquier la nostalgia. El futuro ya no produce solo inquietud, sino directamente temor. Esta cancelación de expectativas ha generado una retropía que ya no mira al pasado con afán crítico sino en busca de refugio y abrigo. Más allá de las industrias culturales del revival, toda una generación parece replegar su deseo a albergues emocionales imaginados por una mentalidad neoromántica. Mientras, los políticos proponen hacer cualquier cosa “great again”.

Las aulas de la facultad de Bellas Artes son un auténtico sismograma de las sensibilidades emergentes. Que ya no son posturas, sino “vibras” y flujos. Decae la estética de la queja y se percibe un reblandecimiento de las formas que, o bien trata de evitar el conflicto generando una superficie de bienestar dopado, o bien busca reencontarse con un estadio de reconciliación que la razón nos habría hurtado. Quizá la curaduría debería dejar de ser también propositiva (platear un tema previamente resuelto para que lo ilustren) y recuperar la confianza en la sensibilidad de las artistas volviendo a exponer los signos de cambio con la perpleja intención de interpretarlos, como si fueran los posos del café.

Esta exposición tratará de llevar a la Sala de Arte Contemporáneo esas vibras que recorren los talleres donde se forman las artistas emergentes, sin intención crítica ni programática. En contra de lo que pensaba el viejo Marx, quizá la única manera de cambiar el mundo sea tratar de entenderlo.

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Artistas

Alejandra Pérez Arbelo (Santa Cruz de Tenerife, 2005).Artista visual emergente en Canarias. Actualmente cursa el Grado en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna (ULL), enfocando su práctica principal en la disciplina de la pintura, en constante diálogo con la fotografía.

Su universo creativo se construye a partir de la captura de fragmentos de su propia experiencia vital, atraída por la cualidad áurica del instante. Utiliza la fotografía como un diario de campo para registrar la cotidianidad de los lugares más familiares y la atmósfera de lo privado. Posteriormente, traslada esta iconografía íntima al lienzo, donde su pintura se caracteriza por el uso de tonos vibrantes y una paleta cromática de gran saturación que dota a las escenas de un optimismo extraño, casi onírico.

En su práctica artística, los temas más recurrentes giran en torno a la microhistoria de lo cotidiano, la exploración de los lazos afectivos e intergeneracionales y la memoria del espacio que habitamos. A través de su mirada, los objetos comunes, las escenas de ocio doméstico y los gestos más habituales pierden su condición de "invisibles" para convertirse en escenarios cargados de peso emocional. Su trabajo se sumerge en la intimidad compartida, resignificando la rutina diaria como un archivo visual de la identidad contemporánea.

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Ana Estrada Macías (Cádiz, 2002) es una artista visual cuya práctica se sitúa principalmente entre la escultura, el archivo y la instalación. Graduada en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna (Tenerife). Su práctica artística parte vinculada a la Bahía de Cádiz y a la memoria obrera de la industria naval, el proyecto atiende a los cuerpos trabajadores, sus huellas y los espacios que habitan.

La investigación se desarrolla mediante la producción escultórica, el archivo y la observación del entorno cotidiano. A través de materiales industriales, objetos vinculados al trabajo y registros de espacios urbanos. Las obras articulan tensiones entre dureza y fragilidad, resistencia y vulnerabilidad, presencia y ausencia. El cuerpo aparece frecuentemente desde la huella que deja en el territorio, entendida como una forma de memoria material. Asimismo, se reflexiona sobre la arquitectura y el urbanismo como dispositivos que condicionan la experiencia colectiva, prestando especial atención a fenómenos como la arquitectura hostil y las transformaciones del espacio público. Frente a estas dinámicas, el trabajo propone una política de la ternura basada en el cuidado, la atención y la memoria. La práctica artística se plantea así como una herramienta para activar vínculos afectivos, preservar experiencias compartidas e imaginar formas de resistencia desde lo cotidiano

En los últimos años ha participado en diferentes exposiciones colectivas, entre las que destacan CIPA y la exposición vinculada al Premio Manolo Millares de Caja Canarias (2024); Abrazar el error, en el Festival de Arte Contemporáneo Cádiz; Close the gap between idea and action, en la Ermita de San Miguel de La Laguna; Super doblado, en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; y Materia Común, en la Fundación Unicaja Cádiz (2025). En 2026 ha participado en Desapego, en Espacio Malestado. Paralelamente, ha desarrollado proyectos vinculados a la mediación y la experimentación artística, impartiendo el taller Doblar la esquina en el Festival de Arte Contemporáneo Cádiz y un taller en la Fundación Unicaja Cádiz (2025).

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Daniel Martínez Montero (San Fernando, Cádiz, 1999) es un artista visual cuya práctica se sitúa entre la instalación, la escultura y lo pictórico. Actualmente cursa el grado en Bellas Artes en la Universidad de La Laguna, donde desarrolla su práctica desde un enfoque transdisciplinar. Su trabajo parte habitualmente de objetos vinculados a la memoria, tanto encontrados como extraídos del archivo familiar, que son desplazados, transformados o puestos en relación con otros materiales y contextos.

Su investigación se articula en torno a cuestiones como la memoria, la percepción y la relación entre el individuo y los objetos que lo rodean. A través de estos elementos, aborda también la aceleración de la sociedad contemporánea y la necesidad de generar espacios de pausa y contemplación frente a los ritmos cada vez más rápidos de la vida cotidiana. Le interesa especialmente la mirada y la manera en que esta se transforma al entrar en contacto con los objetos y los materiales, atendiendo a las relaciones que se establecen entre materia, recuerdo, experiencia y cuerpo.

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Leyla Lázaro (La Palma, 2002) es una artista visual cuya práctica se desarrolla desde un enfoque multidisciplinar que utiliza la imagen como herramienta para repensar el habitar. Es graduada en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna y actualmente cursa el Máster en Producción Artística en la Universidad Politécnica de Valencia. Su investigación se centra en los espacios intermedios, las arquitecturas desplazadas y las formas de habitar.

A través de la imagen y el recorrer, explora cómo determinados lugares, materiales y objetos contienen estratos de uso, abandono y resignificación, generando estados donde distintas temporalidades y realidades conviven simultáneamente. Su trabajo propone una reflexión sobre las tensiones entre domesticidad e infraestructura, presencia y ausencia, producción y ruina, entendiendo estos espacios como territorios desde los que replantear nuestra relación con el paisaje construido y con las formas contemporáneas de habitar.

En los últimos años ha participado en exposiciones colectivas como Cap. 1. Donde la carne canta (2025), en el Convento de Santo Domingo de Guzmán; (In)Quietud (2025), en la Sala de Arte Parque García Sanabria; Las cosas del amor (2025) y Mal Rollo (2026), ambas organizadas por Malestado en Santa Cruz de Tenerife.

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Marina Sunyer (Santanyí, Mallorca, 1986) es una artista visual cuya práctica se sitúa entre la escultura y la instalación. Es graduada en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, donde ha desarrollado su práctica artística desde un enfoque transdisciplinar. Su trabajo se articula en torno a cuestiones como los afectos, la vulnerabilidad y el cuidado. En diálogo con marcos teóricos como el giro afectivo y las nuevas materialidades, su investigación aborda las consecuencias emocionales y estructurales de los contextos sociales actuales, reivindicando la fragilidad, el error o la interdependencia, no como debilidades a ser corregidas, sino como potencias éticas y políticas situadas desde donde pensar formas de vida alternativas.

En los últimos años, ha participado en exposiciones y festivales tanto en el ámbito académico como profesional, destacando su presencia en citas como Phe Gallery, el Festival Keroxen, Super Doblado o la Bienal de Arte Universitario de Mallorca, donde fue galardonada, junto a sus compañeras, con el primer premio a la mejor propuesta institucional. Entre sus proyectos más recientes se encuentran Formas de malestar (2025), Apuntalado (2025), en los que profundiza en la investigación material y afectiva sobre las condiciones del presente, o Hab. 212  y Cuarenta y cinco grados (2026), desde dónde piensa el duelo o la vulnerabilidad como base desde la que articular nuevas formas de cuidado.

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Miguel Martín es un creador multidisciplinar afincado en Tenerife desde 2021,comenzó a desarrollar una práctica vinculada a lo contemporáneo, entendido no como un estilo cerrado, sino como una forma de habitar el presente y relacionarse con lo cotidiano. Su trabajo rechaza las metodologías fijas, las lógicas de profesionalización y las identidades rígidas, operando en un territorio de indeterminación donde conviven la ironía y la sinceridad, el humor y la vulnerabilidad. A través de lenguajes mutables como el dibujo, la performance, el vídeo o la escultura, utiliza gestos aparentemente menores y materiales desprofesionales o cotidianos, para poner el foco en el proceso, el error y la fragilidad. Su investigación se centra en la identidad y en la codificación de los cuerpos en un contexto saturado de imágenes, recurriendo a estéticas que cruzan lo grotesco, lo queer y lo "cuqui" como dispositivos para generar cercanía y cuestionar los discursos normativos. Además de su producción individual, su práctica tiene una fuerte dimensión relacional y situada, la cual expande a través del colectivo multidisciplinar La Lumbre, coorganizando encuentros autoconstruidos que buscan tejer comunidad, afectos y vínculos compartidos desde la experiencia común y la vida.

En los últimos años, ha participado activamente en exposiciones y proyectos colectivos tanto en espacios independientes e institucionales de Canarias. Destaca su participación en muestras como Donde la carne canta (2025) o Resonancia en-torno a cuerpos, materias, porosidad y autoría (2025). Entre sus proyectos más recientes se encuentran Mal rollo (2026), Ay no sé (la vida es tan rara) (2026), TODO ESTÁ HECHO PARA EL BIEN (2026).

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TiVi. Formado por Irene González Rossi y Joel Pelaez Amador es un colectivo dedicado a explorar la inoperatividad. A través de formas contrahegemónicas de habitar el espacio, investiga las huellas que las estructuras de poder inscriben en el paisaje cotidiano. Partiendo del uso de metodologías caprichosas, cuestiona la obtención de resultados deteniéndose en los procesos que los habilitan.

Irene González Rossi, bióloga e investigadora especializada en conservación. Sus procesos se detienen en el estudio de especies criptogámicas y sus formas de relacionarse con el medio. Ha participado en estudios taxonómicos y ecofisiológicos de líquenes dentro del ámbito territorial canario. Le interesa la tensión generada por la aplicación de metodologías artificiales sobre elementos que no esperaban ser categorizados.

Joel Peláez Amador, investigador y diseñador. Su trabajo se centra en los cuerpos que subyacen tras la fabricación de las imágenes, explorando la relación entre representación y trabajo. Desde prácticas como el archivo, la autoedición y la mediación, aborda procesos de creación colectiva orientados a la recuperación de agencia y a la reflexión crítica sobre la producción de imágenes.

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